¿Qué estamos leyendo? ¿Por qué leemos lo que leemos? “Lo sentimos, en este momento Google no puede ayudarle”

Por la lectura de La gran transformación. Panorama del sector del libro 2012-2015 ¹, que encontramos gratuitamente en la red (http://laboratoriodellibro.com/project/la-gran-transformacion/ ), podemos llegar a plantearnos una serie de preguntas relacionadas profundamente con nuestro objeto de estudio: el mundo digital y la literatura. Concretamente en el capítulo titulado “Los contenidos”. Aquí se nos trazan una gama de cuestiones relacionadas con el destino al que se ven abocados los contenidos de los textos publicados tradicionalmente en los formatos de las editoriales analógicas, como es el de la novela, ensayo, poesía, manual didáctico, etc. La gran transformación se nos dirige a los lectores, y nos pregunta: “¿Cómo afecta al proceso de producción la separación entre contenido y continente?” No vendría mal repasar al respecto las ideas de un gran pensador como Walter Benjamin. En su obra La obra de arte en la época de su reproductividad técnica podríamos cruzar las ideas de contenido y continente que se nos barajan en el texto. A principios del siglo XX Benjamin afirma que en la modernidad la obra de arte ha perdido el valor que la hacía única (valor cultual) y que toda producción estaba enfocada a la reproducción, con lo que finalmente solo conserva su valor reproductivo. Él nos dejaba el ejemplo del cine, cuyo objeto de producción –la película- no tenía un fundamento de originalidad (como sí lo tiene, por ejemplo, una pintura), pues de un film todo son copias, no existe un único continente por definición aunque sí un solo contenido (al contrario, la pintura solo es una y posee un “aura” que la dota de autenticidad). Con la literatura el formato digital se reproduce en internet al mismo tiempo en miles de dispositivos, es obvio que esto muta notablemente la conducta lectora. La percepción del lector se ve alterada ante este síntoma de cambio perpetuo. Una lectura fragmentaria entre audio y visión, entre lectura y contemplación de imágenes. En mi opinión, seguir llamando “libro” a esta generación de formatos me parece anacrónico. Pues un libro no es “lectura” entendida en el sentido cotidiano, sino fotografías, enlaces, pistas de audio etc.

(Walter Benjamin)

Este hipogrifo literario es la gran preocupación de las editoriales que se ven indecisas ante la opciónde integrarse en el universo digital donde su empresa ya no tiene unas bases sobre las que se ha sostenido: el papel, la fijeza, lo limitado. Porque en tanto que el espacio analógico es finito y lo que se produce hoy en día en cuanto a contenidos (literarios, didácticos, científicos), en un porcentaje casi equivalente, se encuentra y se consume en la red, en la esfera digital, la editorial –es decir, la industria cultural- tarde o temprano se verá obligada a entrar en ese océano sin límites. La cuestión, por ende, no será otra que la de cómo limitar. Porque la razón por la que las Editoriales no tienen una fuerza contundente en el espacio digital es el miedo a la rentabilidad, y la indeterminación de un lector que está todavía a caballo entre ambos mundos y que gasta cada vez menos su dinero en el papel editorial cuando antes de comprar un manual de derecho de cien euros, lo compra pirateado. En este sentido, no hay sobreproducción sino inexstencia de parcelación en cuanto al ámbito de consumo lector. Una buena propuesta es la división de contenidos y establecimiento de unos formatos fijos para un tipo de contenidos según la demanda. No es un secreto que cuanta más demanda de un tipo de libro hay hoy en día, más digitalización o piratería hay en cuanto a este. Plantear esto desde una perspectiva legal y de pago “normal”, sin grandes excesos, no sería una cuestión banal.

Esta amplia gama de expectativas en cuanto al exceso de obras producidas actualmente suele causar confusión para la edición. ¿Qué es publicable y que no lo es ante el océano de contenidos? La alternativa más razonable siempre me ha parecido la educación. Saber leer. Si uno tiene una preparación filológica, abierta, evolucionada, crítica, moderna, no es difícil saber qué es de calidad y qué no lo es. Ante la vastedad del páramo digital donde no se rige ninguna ley de producción, la autenticidad y la buena literatura solo reside en el ojo del buen lector, que es capaz de proteger el ideal de cultura en tanto en cuanto a la educación que reciba y la enseñanza que transmita.


  1. Laboratorio de ideas sobre el libro, La gran transformación. Panorama del sector del libro 2012-2015, (2012),Madrid.
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